Los errores más comunes que afectan tu presupuesto (y cómo evitarlos)

Uno de los errores más frecuentes en la planeación financiera personal es no anticipar los ingresos y egresos del mes. Muchas personas operan con el dinero “sobre la marcha” sin detenerse a planear, lo cual genera descontrol, imprevistos costosos y falta de dirección.

Otro fallo común es no hacer un presupuesto mensual por escrito y con detalle. Anotar gastos solo “de memoria” o de forma superficial impide tener una visión real de las finanzas. Además, se suele ignorar la importancia de los costos variables o financieros, como intereses, comisiones o pagos extraordinarios, lo que afecta el resultado final.

Una planeación efectiva requiere anticipar todos los aspectos: desde los gastos fijos hasta los imprevistos, así como registrar ingresos reales, ahorros, y montos destinados a cubrir deudas. Un presupuesto completo no es solo una lista: es una herramienta estratégica.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud Financiera (ENSAFI) elaborada por el INEGI, aunque más de la mitad de la población (53.2%) afirma llevar algún tipo de control, solo el 32.8% realmente lo cumple de forma continua y organizada. Esto demuestra que hay una gran brecha entre la intención y la disciplina financiera real.

Expertos en finanzas personales recomiendan aplicar la regla 50-30-20 como base para organizar tu dinero. Esta fórmula sugiere que el 50% de tus ingresos se destinen a gastos esenciales, el 30% a gastos personales o no esenciales, y el 20% al ahorro. Esta proporción permite tener equilibrio entre tus necesidades, tu estilo de vida y tu futuro financiero.

Frank García, especialista en planeación financiera, explica que presupuestar no es limitarse, sino tomar control. Hacer un buen presupuesto permite entender cuáles gastos realmente aportan valor, cuáles se pueden reducir y cómo enfocar mejor cada peso hacia metas concretas y sostenibles.

En resumen, el presupuesto no es un castigo ni una restricción: es tu mapa de ruta. Si no sabes hacia dónde va tu dinero, difícilmente sabrás cómo alcanzar tus objetivos. Invertir tiempo en hacer un presupuesto detallado puede ser el primer paso para construir estabilidad, oportunidades y libertad financiera.

https://www.eleconomista.com.mx/finanzaspersonales/errores-comunes-afectar-presupuesto-20250519-759621.html


¿Cuánto invertir?

Cuando se trata de comenzar a invertir, una de las preguntas más comunes es: “¿Con cuánto empiezo?”. La respuesta no siempre es simple, ya que depende del tipo de inversión, del perfil de riesgo y de los objetivos personales de cada individuo. Lo cierto es que, en cualquier caso, es indispensable desprenderse temporalmente del dinero para que este pueda generar rendimientos.

Existen inversiones con liquidez inmediata, pero muchas otras —como los CETES, pagarés o instrumentos estructurados— requieren esperar ciertos periodos (como 28 días o más) antes de poder recuperar el capital. Por eso, siempre se debe calcular un monto que no afecte tus gastos básicos ni comprometa tu estabilidad.

Desde mi experiencia, recomiendo fijar una meta clara. Para obtener un rendimiento significativo, especialmente en inversiones pasivas, lo ideal es trabajar hacia una inversión de al menos $100,000 pesos. Sin embargo, si estás comenzando, puedes hacerlo con montos más pequeños y utilizar esa primera etapa como una fase de aprendizaje formativo.

No se trata de tener mucho dinero desde el inicio, sino de construir una mentalidad inversora que te permita escalar progresivamente. Incluso pequeñas cantidades, bien manejadas y bien entendidas, pueden abrirte la puerta a un mejor futuro financiero.

https://www.eleconomista.com.mx/finanzaspersonales/debes-proposito-2025-invertir-20250102-740411.html

Los tipos de inversiones

En el mundo de las finanzas personales, entender los tipos de inversiones es fundamental para tomar decisiones estratégicas que se alineen con nuestros objetivos económicos. Desde la academia Le Partisan, explico frecuentemente que existen dos grandes categorías de inversión: las activas y las pasivas. Ambas tienen ventajas claras, pero su diferencia principal radica en el rendimiento y el nivel de riesgo que implican.

Una inversión pasiva se caracteriza por ofrecer un retorno modesto pero con un nivel de seguridad alto. Son ideales para quienes buscan estabilidad y no desean exponerse a la volatilidad del mercado. Por otro lado, una inversión activa promete mayores rendimientos, pero también conlleva un riesgo más elevado y requiere de mayor involucramiento por parte del inversionista.

Para ponerlo en números: las inversiones pasivas normalmente ofrecen ganancias menores al 10% o 12% anual, mientras que las activas pueden alcanzar rendimientos del 15% en adelante. Esta diferencia refleja no solo el nivel de riesgo, sino también el tipo de estrategia que debe aplicarse en cada caso.

Un ejemplo clásico de inversión pasiva son los CETES, certificados de la tesorería emitidos por el gobierno, que actualmente ofrecen rendimientos aproximados del 10.06% a un año. Asimismo, los productos ofrecidos por la banca tradicional se ubican en un rango de retorno que va del 4 al 5%, siendo opciones seguras pero con crecimiento moderado.

En contraste, dentro de las inversiones activas se encuentran productos como criptomonedas, fondos de inversión dinámicos o incluso negocios propios. Para tomar un ejemplo extremo, Bitcoin ha registrado un rendimiento del 163% en el último año, lo cual lo posiciona como una inversión de alto riesgo pero con un potencial de ganancia muy elevado.

También existen fondos que ofrecen rendimientos del 25 al 50% anual, y aunque requieren un mayor análisis y seguimiento, pueden ser ideales para quienes desean que su dinero trabaje de forma más agresiva.

Desde mi experiencia, recomiendo inversiones pasivas para quienes tienen capital disponible pero no desean o no saben cómo moverlo activamente. Este tipo de inversión permite canalizar el dinero hacia pagos importantes como una hipoteca, impuestos o renta, sin comprometerlo en operaciones complejas.

En cambio, las inversiones activas están pensadas para quienes desean generar riqueza con su dinero, están dispuestos a aprender, asumir ciertos riesgos y dar seguimiento a su portafolio.

No existe una opción universalmente mejor. La clave está en saber quién eres como inversionista, qué nivel de riesgo puedes tolerar y qué objetivos financieros deseas alcanzar.

En la mentoría financiera que dirijo, siempre insisto en este principio: una buena inversión no es la más popular, sino la que está alineada con tu momento de vida y tus metas personales.

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INVERSIONES ACTIVAS Y PASIVAS P1

¿Inviertes o solo ahorras?

Existen dos formas de poner tu dinero a trabajar:

💼 Inversión activa: tú decides, tú operas, tú tomas el riesgo y el control.

🛌 Inversión pasiva: delegas, automatizas y dejas que el tiempo y el interés compuesto hagan su trabajo.

Ambas tienen ventajas… pero no entenderlas puede costarte años.

En este blog exploramos cómo combinarlas para generar ingresos reales, constantes y estratégicos.

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Cuidado con las Departamentales P1

En el mundo de las finanzas personales, las tarjetas departamentales pueden parecer una opción cómoda para quienes buscan acceso rápido a una línea de crédito. Sin embargo, si no se utilizan con disciplina y conocimiento, pueden derivar en consecuencias financieras importantes.

Como experto en educación y planeación financiera, he observado que muchas personas subestiman este tipo de productos, ya que por lo general manejan líneas de crédito pequeñas. Esto lleva a que los usuarios se relajen en su manejo, olviden fechas de pago o ignoren el impacto real que pueden tener los intereses acumulados.

Uno de los mayores riesgos es precisamente este descuido. Al tratarse de montos pequeños, muchas personas no le dan la importancia que merece. Pero basta con que se acumulen algunos intereses o se pase por alto un pago, para que el adeudo crezca rápidamente. Este tipo de errores puede incluso llevar al usuario a una situación de reporte negativo en el buró de crédito.

Las facilidades para realizar pagos existen, pero no siempre se utilizan correctamente. Las tarjetas departamentales permiten abonar desde sucursales físicas, portales web, apps móviles o incluso mediante transferencias SPEI. A pesar de ello, es común que los usuarios no tengan claridad sobre las fechas límite o los medios de pago más eficaces.

Otro aspecto que se debe tomar en cuenta son las comisiones. Aunque a simple vista parezcan similares a las tarjetas bancarias tradicionales, las tarjetas de tiendas departamentales también aplican cargos por diversos conceptos: pagos fuera de la tienda, reposición por extravío, apertura, anualidades y más. Estos costos, si no se contemplan en el presupuesto personal, pueden convertirse en una fuga silenciosa de dinero.

Además, las tasas de interés que manejan estas tarjetas suelen ser considerablemente más altas que las de otros productos financieros. Por ejemplo, Liverpool aplica una tasa de 58.86%, mientras que El Palacio de Hierro registra un 60%. En el caso de Sears, la información no es pública, lo cual debería levantar alertas entre los consumidores. El Costo Anual Total (CAT) puede ir desde el 14% hasta más del 90%, dependiendo del producto.

Esta variabilidad en tasas y condiciones entre una tienda y otra hace indispensable que los usuarios comparen antes de contratar cualquier tarjeta. No todas las promociones o beneficios justifican los costos asociados a su uso.

Desde la perspectiva de construcción de historial crediticio, las tarjetas departamentales pueden ser una herramienta válida si se usan con responsabilidad. Sin embargo, su mal manejo puede resultar contraproducente. Tener un producto de este tipo impagado o mal administrado es una de las formas más rápidas de dañar el score crediticio.

Mi recomendación es clara: si vas a utilizar una tarjeta de este tipo, hazlo con el mismo cuidado con el que administrarías una tarjeta bancaria. Infórmate, consulta las tasas, entiende las comisiones y sobre todo, mantente al día con tus pagos. La educación financiera es la mejor defensa contra los errores que pueden costarte caro.

Al final, no se trata de evitar el crédito, sino de entender cómo utilizarlo a tu favor. Si aprendes a hacerlo con inteligencia, incluso una tarjeta de tienda puede convertirse en un peldaño más en tu camino hacia la libertad financiera.

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